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edited por G. M. Jonghi Lavarini e Sara Sperolini
Escritura
Pocos lo recuerdan, pero la suerte
de Cortina, como lugar frecuentado
por el turismo internacional, empezó
cuando Austria se anexionó Veneto,
con Cadore, sustrayéndola a la
República de Venecia en decadencia.
Del 1823 al 1825 los ingenieros
enviados por Viena construyeron
entre Cortina y Dobbiaco una carretera
de seis metros de anchura, con
inclinación casi constante, para
comunicar "la perla de los
Dolomitas" a la carretera imperial de
Alemagna, haciendo posible la llegada
de las carrozas con a bordo los
primeros heróicos turistas de los
Alpes.
Hacer turismo en la montaña
era un comportamiento colectivo
completamente nuevo, puesto de
moda por el Romanticismo y su tendencia
a lo maravilloso. Antes de
entónces, el impracticable mundo
alpino se había considerado un
lugar poco accesible y desagradable,
que había que dejar a sus habitantes,
los montañeses; en 1851 tienen
lugar las primeras intervenciones
oficiales que reglamentan el
fenómeno, se hace obligatorio llevar
un registro de extranjeros en los
hoteles y se emanan leyes forestales
para la tutela del paisaje, la caza
y la pesca. Cortina, antes de ser el
lugar de los pequeños y grandes
chalets, era la sede de hoteles famosos
en todo el mundo y este hecho
también sucede gradualmente:
desde el 1780 existía una fonda, la
mítica "Aquila Nera", que fué la única
hasta la llegada de los ingenieros
(que en ella se alojaron). que construyeron
la carretera.
A mitad del
siglo XIX a ella se añadieron el Hotel "Croce Bianca", el Hotel "Stella" y la
fonda "Ancora" ("Ancla" qué nombre
curioso para un hotel de montaña!):
eran edificios de estilo tirolés de la época, con profundos balcones de
madera muy bien protegidos, como
si fuesen galerías, para jugar a las
cartas en los días lluviosos. Pero lo
mejor lo trajo el nuevo siglo, cuando
se empezaron a construir los grandes
hoteles de la belle époque: el "Cristallo Palace", el Hotel "des
Alpes" (en la actualidad hospital
Codevilla), el "Miramonti Majestic", y
finalmente el espectacular Hotel "Faloria".
A raíz de la Gran Guerra
Cortina pasó a ser italiana, tomó el
nombre de Cortina d'Ampezzo y
cambió el tipo de personas que la
frecuentaban: los millonarios americanos
y los lords ingleses, fueron
sustituídos por las princesas Juana y
Mafalda de Saboya, hijas del rey de
Italia y con ellas llegaron muchos
nobles venecianos, entre los que se
encontraba el barón Franchetti que
en 1924 mandó construir el primer
teleférico de los Dolomitas que de la
plaza de la iglesia llevaba a Pocòl y
del que se bajaba con los esquís
puestos.
En aquella época empezaron
a construirse los primeros edificios
de arquitectura racionalista,
entre los que hay que destacar "Villa
Settecamini" de Luigi Vietti, en la que
el inventor del estilo "cortinense". La
segunda guerra mundial transformó
los grandes hoteles en hospitales de
convalecencia para los oficiales,
tanto italianos como alemanes y
marcó la decadencia del turismo de élite.
Es precisamente en este período
cuando el arquitecto Luigi Vietti
que había comprado en los alrededores
una casa de campo del siglo
XVII muy bien conservada, madura
una nueva concepción del vivir en
los Alpes. Acabada la guerra, los
años 50 fueron para Cortin, el
momento del renacimiento, renacimiento
que fué acompañado por un
acontecimiento excepcional: las
Olimpiadas Invernales del 1956. Las
Olimpiadas tuvieron un gran éxito, el
tren de los Dolomitas, transportaba
cada día más de 7000 personas: fué
el verdadero relanzamiento internacional
de la imágen de Cortina.
En
los últimos cinquenta años se ha
consolidado la vida mundana de los
chalets y por lo tanto las nuevas
construcciones se han multiplicado.
Los interiores de los chalets construídos
o rehabilitados en este último
período están representados en
las páginas siguientes y testimonian
un estilo indiscutibile, el llamado estilo "de Cortina" del que el arquitecto Luigi
Vietti ha sido reconocido el precursor.
Walter Pagliero
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